Enfoque pedagógico

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Realismo

Existen múltiples clasificaciones de enfoques pedagógicos o esquemas de trabajo, pues más que árbol, la pedagogía es afortundamente un bosque frondoso y denso del que podemos nutrirnos para enriquecer nuestra perspectiva educativa.

Nuestro enfoque pedagógico se basa en la idea de realismo que debe tener la escuela del siglo XXI. Un lugar en el que desarrollarse de un modo lo más real, lo más parecido a como sucede en la vida adulta en sociedad, teniendo en cuenta la madurez de los niños.

Metodologías activas

Es por eso que las llamadas metodologías activas tienen un papel principal en nuestra Escuela, caracterizadas por ser el niño el protagonista y creador de su proceso de aprendizaje, claro está, con todos los recursos humanos y materiales necesarios.

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Del mismo modo que en la realidad adulta, las actividades que mueven a los niños en nuestra escuela provienen de sus intereses, pero sin entenderse esto como un mero hedonismo sino como un potenciador de su motivación, curiosidad y descubrimiento en el aprendizaje. La experimentación científica, el ensayo y el aprender de los errores, la planificación, la creatividad y el espíritu artístico se vuelven, entonces, aspectos que emergen y acompañan a los niños en su proceso de aprendizaje.

Muchos de nosotros vivimos en un mundo de proyectos. No sólo en nuestros trabajos, empresas, sino en cualquier tipo de actividad personal o vital. Es por eso que el aprendizaje basado en proyectos sea el enfoque educativo que actua como un paraguas pedagógico: muchas de las perspectivas pueden englobarse en este esquema de trabajo. Los aprendizajes basados en problemas, casos, juegos, diseños, etc., guardan el mismo esquema (investigación, voz y elección del estudiante, autenticidad, revisión y crítica, proyecto/producto/exposición pública), solo que centrándose en aspectos concretos, sobre los que se realizan los proyectos.

El aprendizaje basado en proyectos es un método educativo activo, que no se centra tanto en la atención del alumno, en un pupitre, al profesor que dicta la clase, sino en que los niños ganen en conocimiento y habilidades mientras realizan una actividad durante un tiempo determinado, investigando y respondiendo a preguntas complejas, problemas o retos que atraigan su interés.

Los proyectos contienen un conocimiento clave, un entendimiento que requiere de un pensamiento crítico y de la resolución de problemas, habilidades como la cooperación y colaboración entre los integrantes del grupo o con quienes se relacionará el equipo, así como la comunicación.

Grosso modo, los elementos esenciales para diseñar un buen proyecto son los siguientes:

  1. Se parte de una pregunta o cuestión, que surja del interés del niño, de varios de ellos o del grupo en general. El tipo de desafíos, propuestas o preguntas y su complejidad dependerá del nivel madurativo de cada niño. Por ejemplo, cualquier acontecimiento que atraiga su interés, como que haya algunos niños constipados o haya caído una tormenta que resulte para ellos espectacular, puede dar pie a proponerles un proyecto relacionado con los virus, cuerpo, la higiene, o puede dar pie a hablar de temas físicos como los rayos, calcular las distancias o por qué no debemos tener miedo a las tormentas.

 

  1. El objetivo de la investigación, adaptada para cada nivel y madurez, es realizar un proceso en el que deberán hacerse preguntas, encontrar recursos, y utilizar la información que obtengan. En todo el proceso, el maestro es un facilitador de esta labor.

 

  1. La autenticidad se refiere a que las preguntas o cuestiones surgidas están dentro de un contexto del mundo real, en el que se atiende a los intereses de los niños y en donde los proyectos tendrán efectos en sus vidas, usando para ello herramientas reales.

 

  1. Conforme el nivel de maduración de los niños, se les va guiando a que tomen decisiones, por ejemplo, cómo realizar la actividad, como organizarse o qué crear (que creará el proyecto).

 

  1. Los proyectos deben servir para reflexionar sobre el proceso del proyecto, cómo han aprendido, investigado, organizado y los obstáculos que han tenido, errores de los que han aprendido, y como los han superado.

 

  1. Finalmente, el objetivo es que el proyecto, el resultado de la actividad, pueda exponerse a los compañeros o al público (padres, y si es artístico, musical, teatral, etc., a parte de la comunidad).

También en la etapa infantil

Los proyectos en las edades más tempranas, en la educación infantil, por supuesto no serán tan grandes como puedan serlo en las etapas posteriores, sino que tratarán de inculcar unas maneras para realizar este tipo de actividad: en grupo, individual, hacer preguntas, experimentar… todo ello haciendo que el aprendizaje en sí sea una motivación más, divertido y apele a sus intereses.

El papel de las maestras en esta etapa será el de captar los intereses de los niños, y el de ofrecerles una guía para que vayan adquiriendo las herramientas necesarias para desarrollar proyectos posteriores. De este modo, los niños irán asentando esas habilidades conforme van creciendo y esa guía se irá retirando adecuadamente.

El aprendizaje basado en fenómenos ha logrado una notable popularidad en Finlandia desde 2016. Básicamente sigue el mismo esquema de trabajo que el aprendizaje basado en proyectos sólo que se centra en el análisis de fenómenos actuales, como puede ser cualquier noticia del día a día (elecciones, Unión Europea, inmigración, etc.), o algún tema cultural (un movimiento cultura, un escritor afamado, etc.), o físico (los Andes, el sistema solar, etc.), etc… Es decir, sigue una perspectiva holítistica de modo que se investiga el fenómeno transitando de manera interdisciplinar por las áreas del conocimiento relevantes en dicho fenómeno. Es una manera de desarrollar una capacidad de análisis y creación de conocimiento sobre los fenémenos de la vida real.

Las características son las mismas que en el aprendizaje basado en proyectos, como decíamos, sólo que en lugar de dar respuesta a cualquier pregunta, nos ceñimos a fenómenos. De igual modo, el aprendizaje se hace desde un punto de vista constructivista (el niño construye su propio aprendizaje) y de manera activa (lideado por el niño y por sus intereses y motivación).

De igual modo que el aprendizaje basado en proyectos, puede llevarse a cabo desde la etapa infantil (con mayor guía por parte del adulto).

María Montessori desarrolló toda una visión y filosofía de la educación con un método propio. Desde la descripción de cómo debían ser los centros educativos, los muebles, las áreas, hasta el papel del maestro o el diseño de los entornos, Montessori creó un corpus teórico y práctica de extraordinaria relevancia en el mundo de la educación. Su filosofía y método son pilares fundamentales en nuestra escuela, especialmente en la etapa infantil y primeros años de primaria (en este último caso, por ejemplo, cuando combinamos los materiales Montessori y las matemáticas de “Singapur”).

El respeto a los ritmos del niño, el papel activo de éste, el fomento de la autonomía (tanto en la parte “académica” como en la vida “práctica”), el diseño de los materiales (con un fin, con sus controles de error, con sus fases y combinaciones, con sus distintos formatos para abarcar los sentidos), y de los ambientes, lo hacen un potente método de enseñanza.

La psicomotricidad relacional nos ayuda a descubrir a cada niño y sus recursos, favoreciendo su desarrollo, su forma individual de ser y estar en la vida, y su adaptación a la sociedad en la que vivimos.

El psicomotricista es el profesional que observa, conoce y da respuestas a las necesidades de movimiento y de conocimiento de cada niño, partiendo del deseo del propio niño, permitiendo que sea él quien decida lo que quiere hacer, creando un clima afectivo que facilite la expresión de sus emociones, abriéndole así el camino hacia la creación, la relación y la comunicación. De esta manera, él mismo irá organizando su propia actividad, acompañado por el psicomotricista quien, a través de su observación y escucha activa,  se ajustará en todo momento a sus producciones, pudiéndole ofrecer muestras adecuadas que le permitan evolucionar.

El Diseño Universal para el Aprendizaje (nacida en los años 90) es una perspectiva que busca optimizar la enseñanza y el aprendizaje con una variedad de estrategias y formatos que contemple la individualidad de cada niño. Está basada en la neurociencia.

De este modo, el DUA parte de la idea de que los alumnos son diferentes en la forma en que perciben y comprenden la información que se les presenta (primer principio: proporcionar múltiples forma  de representación con medios auditivos, visuales o texto impreso…).

También tienen diferentes maneras de aprender y de expresar lo que saben (segundo principio: proporcionar múltiples formas de ación y de expresión, con múltples medios físicos de acción o interacción con los materiales, por ejemplo, para hacer más fluida la expresión o la comunicación, o para proprocionar más opciones para las funciones ejecutivas).

Igualmente, el componente emocional es un elemento curcial en el aprendizaje que se pone en evidencia al ver las diferencias en lo que motiva a los estudiantes o en la manera en que se implican para aprender (tercer principio: proporcionar múltiples formas de implicación, para capturar el interés, mantener el esfuerzo y la persistencia, y para la autorregulación).

Es una práctica educativa determinante a la ahora de diseñar una enseñanza y realizar un aprendizaje mediante la imitación o réplica del mundo real. Se trata de definir un fenómeno o modelo real, simplificando algunos aspectos para facilitar la práctica de determinados objetivos educativos y llevar a término experiencias con él, con la finalidad de reconocer, comprender, (auto)evaluar y modificar estrategias y adquirir otras nuevas.

Puede realizarse individualmente o en grupo, se analizan el impacto de llevar a cabo las acciones en esos contextos creados a imagen de la realidad y se evalúa si en otros escenarios se hubiera seguido el mismo camino. “¿Qué hubiera ocurrido si…?” es una de las herramientas más utilizadas para poder inferir los principios y las causas y consecuencias de las acciones que tratan de descubrirse. De igual modo, son actividades enormemente “activas” por parte de los alumnos.

Es especialmente beneficioso para desarrollar el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la comunicación (oral y escrita), la identificación y resolución de problemas, y el conocimiento de la vida real más allá de la escuela.

Es una práctica reivindicada en nuestros días fundamentalmente por Michael Strong, de KoSchool. La idea es leer textos (clásicos o modernos) y compartir. Eso implica el ejercicio de comprender y manejar las ideas mediante un debate en grupo, para que entre todos se exploren las ideas, se practique la argumentación y la adaptación a la la visión del otro, profundizando a través de la conversación. Se trata de aprender del mundo a través de los ojos de los demás.

El Self-Organized Learning Environment es un esquema de trabajo ideado por Sugata Mitra. Este profesor de universidad realizó un fascintante experimento que dio la vuelta al mundo. Introdujo un ordenador en un muro de un edificio de un barrio marginal en la India (el famoso Hole in the Wall). Los niños, sin conocimientos previos lograron aprender la materia contenida en el ordenador. Mitra lo denominó Educación Mínimamente Invasiva.

Su desarrollo se convirtió en un Entorno de Aprendizaje Autoorganizado. Sigue un esquema muy parecido al ABP y se realiza del siguiente modo: 1) Los estudiantes eligen una pregunta o se les da una pregunta, 2) Eligen sus propios grupos o pueden cambiar de grupo en cualquier momento, 3) los estudiantes pueden moverse libremente, hablar, preguntar a quien quieran y compartir las ideas que quieran, 4) los estudiantes pueden explorar en cualquier dirección, no hay una única respuesta correcta, 5) los grupos realizarán una presentación de lo que han aprendido al final de la sesión. El uso de internet es fundamental en estos juegos, aunque utilizamos cualquier medio de información (físico, online, humano…).

La neuroeducación es uno de los pilares fundamentales de todo cuanto hacemos en La Travesía. En palabras de Francisco Mora: “la neuroeducación es una visión de la instrucción y de la educación basada en los conocimientos acerca de cómo funciona el cerebro. […] La neuroeducación trataría de construir una educación fundamentada no sólo en la observación e interpretciones «humanísticas», sino también y sobre todo en datos objetivos, en evidencias contrastadas sobre el desarrollo del cerebro y la conducata humana. Y esto último basado en el método cietífico (observación, experimentación e hipótesis).” Es una perspectiva basada en la llamada neurociencia, en conocer cómo funciona el cerebro, y que están en la raíz de muchas de las perspectivas pedagógicas en las que nos basamos.

El uso que hacemos de la figura del contrato de aprendizaje se enmarca dentro de nuestro porpósito y objetivo de tratar de fomentar y permitir el aprendizaje autodirigido, esto es, aquel en el que el estudiante toma las riendas de manera responsable sobre aquello que desea aprender (ya sea por motivación intrínseca [intereses] o extrínseca [deber]).

Es un acuerdo al que se llega entre el niño y el adulto, entre el alumno y el maestro, en el que de manera dialogada se ponen en común los objetivos, procesos, trabajos, áreas que se abordarán de acuerdo con nuestra metodología a lo largo del tiempo en la Escuela.

Son acuerdos negociados, guiados, compartidos, alcanzados periodicamente entre el niño, los maestros o los padres. Cobra especial relevancia a partir de primaria y está estrechamente unido con la metacognición, la consideración por parte de todos de ser aprendices, de la utilidad de la escuela como plataforma sobre la que aprender, y de aprender a aprender.

La instrucción entre pares persigue el objetivo de reforzar la autonomía de los alumnos y de fomentar un medio de aprender poco valorado: enseñar. Cuando los niños o adultos enseñamos a los demás, terminamos de interiorizar y de aprender los conceptos que estamos comenzando a adquirir, nos ponemos en el lugar del oyente y tratamos de comunicar lo aprendido utilizando y creando un discurso adaptado.

Utilizar los conceptos, relacionarlos, conectar los puntos importantes, demostrando las tesis y argumentando según las necesidades que espontáneamente detectamos en el otro, es una extraordinaria herramienta para profundizar y afianzar el conocimiento. Además, fomenta el compañerismo e incrementa la motivación.

El uso que damos a la clase a la inversa o flipped classroom es el siguiente. Pero antes, la definición. Esta práctica se suele utilizar para que los alumnos, normalmente mediante vídeos distribuidos previamente, se preparen la parte “teórica” en sus casas y en la escuela hagan “los deberes”, los ejercicios, mientras están con el profesor. Supone una cierta innovación en la escuela tradicional. Nuestro uso de esta estrategia no tiene que ver el dónde se realiza el proceso de aprendizaje o las partes de la actividad (preparación y práctica) sino precisamente en ser conscientes de la posibilidad de dividir dicho proceso. Así, si un alumno con habilidades suficientes para realizar autónomamente una actividad (individual o en grupo) necesita un tiempo para investigar buceando entre libros o por internet, luego puede realizar las prácticas con la guíadel maestro, que estará disponible para resolver o encontrar, entre los dos, las respuestas adecuadas ante sus necesidades.

Todo puede ocurrir en la escuela, no necesariamente fuera de ella. No se trata tanto del dónde sino de poder utilizar los distintos formatos (físicos, visuales, auditivos) que hay hoy en día (con las nuevas tecnologías: tutoriales, podcasts, YouTube; y con las viejas tecnologías también) y personalizar al máximo el aprendizaje y los recursos destinados a ello. Por eso puede ser normal que en el día a día de la Escuela nos encontremos alumnos que individualmente o en grupo están realizando trabajos completamente distintos y sea el profesor quien está constantemente disponible y ofreciendo su guía para engrasar la buena marcha de las actividades.

También en la música hay una proliferanción de métodos y estrategias. La música es bastante importante en nuestro proyecto y tiene reservado un papel importante para que desee profundizar en este tipo de lenguaje. Willems nos permite seguir una estructura muy interesante (audición, ritmo, canción y movimiento) y Dalcroze enfoca las actividades para que los niños participen de manera muy activa (con distintos formatos enfocados al lenguaje musical) y utiliza la improvisación. En línea con nuestra idea de la educación.

Autonomía y autogestión

Igualmente, la autonomía y la autogestión, rasgos de cualquier persona adulta, son aspectos fundamentales que refuerzan y a la vez permiten que los niños puedan ser los responsables de su proceso de aprendizaje, con la guía y tutela de nuestra escuela.

La autonomía y la autogestión se cultivan como una habilidad de la máxima importancia para la Escuela a lo largo de los años de maneras variadas: desde la autonomía en la alimentación, el uso y descubrimiento de los materiales de la escuela (especialmente Montessori),y la vida práctica, el Ágora (el parlamento de la escuela), o la disciplina positiva. En los primeros años, Montessori, la comida, la vida práctica y la vida en común ayudarán en mayor medida a desarrollar esta habilidad, mientras que el Ágora, la resolución de conflictos, y el aprendizaje basado en proyectos, por poner otros ejemplos, tendrán un mayor papel en la autonomía en los niños de primaria.

La disciplina positiva o «sin lágrimas» no tiene nada que ver con el castigo (que muchas personas consideran sinónimo de disciplina). Se basa en los siguientes principios, entre otros:

  1. El respeto mutuo.
  2. Comprensión del motivo que hay detrás del comportamiento.
  3. Comunicación efectiva.
  4. Comprender el mundo del niño.
  5. Disciplina que enseña.
  6. Centrarse en las soluciones en lugar de en el castigo.

Los niños se sienten más motivados para colaborar, aprender nuevas habilidades y ofrecer afecto cuando se sienten alentados, conectados y queridos.

El papel de los sentimientos en el desarrollo saludable de nuestros hijos es algo de vital importancia. La educación emocionalmente inteligente utiliza estrategias que pueden ofrecer una gran contribución a desarrollar un concepto de sí mismos fuerte y positivo, respaldados por la autoconfianza, la responsabilidad, la autodisciplina, y las dotes de inteligencia social y emocional.

Para lo cual, en nuestra escuela valoramos la consideración y el respeto por los sentimientos de los demás. Entre nuestros principios: ser conscientes de nuestros propios sentimientos y los de los demás; mostrar empatía y comprender los puntos de vista de los demás; hacer frente de forma positiva a los impulsos emocionales y de conducta y regularlos (como el estrés, ansiedad, cansancio); plantearse objetivos positivos y trazar planes para alcanzarlos; utilizar las dotes sociales positivas (comunicación y resolución de problemas) a la hora de manejar nuestras relaciones.

“Aprendizaje” dirigido

Sin embargo, en línea de lo comentado por Reigeluth, hay aspectos normalmente relacionados con la escuela tradicional, igualmente interesantes y necesarios, que también tienen su presencia en la realidad cotidiana fuera de la escuela, en la vida real:

  • la motivación extrínseca o el deber,
  • la memoria (no cómo un fin sino como una herramienta),
  • la instrucción dirigida o estructurada por parte de los maestros (clase magistral, aunque alejándonos de la mera transmisión de información del maestro autoritario al alumno pasivo, más bien entendida por ser el maestro la fuente principal de información aunque dicha información y, posteriormente, los procesos que se inician con ella, cumplan nuestra visión educativa), especialmente en las fases iniciales de las materias y ciencias más estructuradas (como las matemáticas o el lenguaje),
  • el aprendizaje individual
  • y la consideración de los contenidos,

son características de la escuela tradicional que hemos actualizado y adaptado a nuestra visión y que usamos en la Escuela. De nuevo, debemos remarcar que el aprendizaje siempre nace del interior de cada individuo, un proceso interno al que puede ayudar la didáctica (la enseñanza), por eso nos referimos, en este apartado, al aprendizaje en actividades o contextos en donde el maestro adquiere, por las razones expuestas, un papel activo más relevante que el resto de elementos que conforman una actividad educativa en nuestra Escuela.

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Leer y escribir es una de las habilidades y herramientas más importantes para la escuela, porque permite a los niños abrirse al mundo y desarrollar su capacidad de expresión, raciocinio y autoregulación, y porque dentro de nuestro modelo educativo, permite la autonomía, libertad y espíritu crítico de los estudiantes.

Dada su complejidad, el aprendizaje de la lengua se realiza a través de los proyectos y actividades que desarrollan los alumnos así como con talleres específicos estructurados, especialmente en los primeros años, que se inspiran en estrategias como, por ejemplo, las contempladas en Letters and Sounds (un programa seguido en las escuelas inglesas). Cualquiera de los programas seguidos en nuestra escuela deben cumplir con nuestros principios, esto es: ofrecerse en multitud de formatos, desarrollar las habilidades, respetar los ritmos, permitir un diseño específico o personalizado, en la mayor medida posible, de acuerdo con la observación activa que realizamos de cada niño.

Cómo combinarlo en la práctica

Por todo lo anterior, dada la gran cantidad de corrientes y enfoques pedagógicos existentes en la actualidad, es necesario observar sus elementos, sus partres y sus categorías para poder entenderlas, analizarlas y, en su caso, integrarlas del modo en que mejor consiga crear un ambiente seguro y familiar, en el que el niño protagonice su proceso de aprendizaje.

Para lo cual, debemos remitirnos al elemento básico mínimo en el que confluye la teoría y la práctica: la actividad. Un ejercicio que nos hará preguntarnos el por qué de lo que ocurre en nuestra escuela. ¿Qué actividad se realiza? ¿La ha creado el niño o el adulto? ¿Qué fuentes de información existen alrededor del niño? ¿Cómo se integra esa información durante la actividad? ¿Se descubre esa información o está dada por el maestro? ¿Qué áreas del conocimiento se están tratando? ¿Qué habilidades se desarrollan? ¿Quiénes realizan la actividad, individual o en grupo? ¿De una manera colaborativa o cooperativa? ¿En qué formato se encuentra contenida la información? ¿Qué tipo de “inteligencias” se demandan? ¿Qué estado emocional se experimenta cuando se realiza esa actividad?

Es decir, se pretende concretar e ir al detalle, en lugar de utilizar sólo agregados como “clase”, “estudiante promedio”, “asignatura”, etc., que nos hacen perder la variedad y riqueza de las cosas y la individualidad de los niños.

Personalización

De ahí que sea imprescindible una escucha y observación activa del niño por parte del maestro para poder personalizar su guía y serle más útil en su travesía por el aprendizaje.

La personalización de la educación se consigue a través de varias estrategias: atender a los intereses de los niños, darles voz para realizar su propio currículo y autonomía para probar y aprender de sus errores, tener siempre presente una gran variedad de formatos posibles de proyectos y actividades y de cómo llevarlas a cabo (ya sean estas surgidas de los intreses de los estudiantes, de los maestros o de ambos), tratar de conocer en todo momento su estado emocional.

Currículum

Como consecuencia de esa combinación pedagógica entre la Escuela Nueva y la tradicional y ese esfuerzo por la personalización, los alumnos desarrollan su propio cuaderno de bitácora, un currículum activo que se expande según sus intereses cultivando sus habilidades y, especialmente, el amor por el aprendizaje.

En La Travesía pensamos que un currículum de objetivos y uno de procesos no son conceptos contradictorios. Por tanto, aunque existan unos objetivos curriculares, estos pueden lograrse de manera autónoma y guiada a través de la propia práctica diaria conforme a los principios pedagógicos expuestos más arriba. La investigación, experimentación y el descubrimiento ayuda de un mejor modo a la adquisición de conocimientos si además de considerar los objetivos consideramos los procesos, el cómo se logran: qué habilidades, destrezas, competencias y emociones emergen en dicho proceso. En línea con lo desarrollado por Lawrence Stenhouse, pensamos que un modelo curricular de proceso, esto es, flexible pensado para investigar y experimentar es enormemente beneficioso para alentar, permitir y estimular el proceso de aprendizaje.

Cómo evaluar

Otro de nuestros pilares fundamentales es nuestra obligación de conocer a todos los alumnos de La Travesía. Para lo cual desarrollamos una serie de estrategias, empezando con el tamaño de nuestra escuela y el número de nuestros alumnos. Una baja ratio y evitar una escuela masificada ayuda a crear un ambiente personal, familiar y amable con los estudiantes, en el que todos tenemos un trato más cercano. Además, nos permite poner en práctica otro proceso que enlace aspectos pedagógicos y organizativos de la escuela: la evaluación. Partimos de la idea de que el aprendizaje es algo que se dá únicamente en el plano individual, por lo que debemos tener en cuenta dos procesos que permitan al niño y al equipo de La Travesía, darse cuenta de lo que se está aprendiendo. Es lo que se conoce como la evaluación formativa y la sumativa. La primera la realiza principalmente el propio niño, como una herramienta y habiliadad de máxima importancia en nuestro objetivo de que sea él quien lidere su propio proceso de aprendizaje. La segunda, la evaluación sumativa, realizada por el adulto, que, junto con otras herramientas, le ayuda a conocer mejor a los niños para ofrecerles una mejor guía en el proceso del aprendizaje. La evaluación sumativa y la formativa, también sirven para mostrar los progresos de los niños a terceras partes (padres, organismos homologadores, otros maestros, profesionales expertos que visiten la escuela, etc.).